Este no era el plan.
Lo que hoy me tocaba, luego de días y días de ausencia, era nadar en tus tetas, explorar incansablemente tu entrepierna, dedicarme a inventar cuántas caricias distintas puedo hacerte en la deliciosa piel que hay entre tu pierna y tu conchita, colmar tu boca con mis besos y con mi pija, penetrarte con todo el hambre que me alimenta…
No se suponía que iba a pasar el día en una habitación impersonal de un hotel de aeropuerto. Me niego a estar aquí, declaro mi ausencia, reniego de este día.
Lo hago desaparecer de mi vida de la única manera posible: duermo, duermo sin cesar, duermo todo el día, soñando con mañana. No sueño, en realidad: huyo a mañana, deserto del hoy, renuncio a la víspera para vivir dos veces el día de mañana, el día que debió haber sido hoy.
Por eso, mi amor, si acaso sentís mañana dos bocas que te recorren, cuatro manos que te adoran, dos erecciones que te penetran, no te sobresaltes: sólo soy yo, recuperando un día que no estoy dispuesto a dejar que me roben.